CONGREGACIÓN
PARA
LOS INSTITUTOS DE VIDA CONSAGRADA
Y SOCIEDADES DE VIDA APOSTÓLICA
Prot. N.
T. 78-1/2000
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D E C R E T O |
El Procurador General de la
Orden de la Santísima Trinidad, ha presentado para la aprobación de la Santa
Sede el texto del «Proyecto de Vida del Laicado Trinitario», para las
varias Asociaciones públicas del Laicado de la misma Orden.
Esta Congregación para
los Institutos de vida consagrada y las Sociedades de vida apostólica, después
de haber examinado atentamente el «Proyecto de Vida del Laicado Trinitario»,
con el presente Decreto aprueba y confirma el mismo texto redactado en
lengua italiana, que se conserva en su archivo.
Si no obsta cualquier
otra disposición en contrario.
Vaticano, 15 de noviembre
de 2000.
Eduardo Cardenal Martínez Somalo
Prefecto
+ Piergiorgio Silvano Nesti,
C.P.
Secretario
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CARTA DEL MINISTRO GENERAL DE LA ORDEN DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD |
A los Hermanos y Hermanas del
Laicado Trinitario y a toda la Familia Trinitaria
La
aprobación por parte de la Santa Sede del “Proyecto de vida del Laicado Trinitario”
es motivo de gran alegría para toda la Familia, pero lo es de modo especial
para el Laicado Trinitario en sus diversas formas y expresiones.
Este
acontecimiento significa haber alcanzado la meta de un proceso de revisión y renovación
de la legislación, después de quince años de trabajo.
En
la Asamblea Intertrinitaria de Majadahonda se pedían
“líneas descriptivas esenciales, en las cuales se pudieran reconocer los varios
grupos que quieran ser y llamarse trinitarios”.
No
ha sido fácil el camino recorrido hasta la aprobación pontificia; diversas
asambleas, congresos y reuniones del Laicado y de toda la Familia se han
ocupado y preocupado de corregir y mejorar el referido “Proyecto”.
Por
once largos años se ha experimentado el texto,
que fue presentado por el entonces Ministro General, P. José Gamarra, anotando
algunas reflexiones, aclaraciones y mejoras, dictadas por la experiencia.
Ahora,
lo acogemos como don de Dios al Laicado y a toda la Familia Trinitaria.
A
la luz del Proyecto Trinitario, todos nosotros, miembros de la Familia
Trinitaria, nos sentimos llamados a vivir la vocación a la santidad, según
nuestro propio estado.
Todos
nosotros en comunión, realizamos en la Iglesia el mismo carisma de
glorificación a la Trinidad, a través de nuestra santificación y las obras de
caridad y de redención. Son distintas las formas de vida, pero todos estamos
animados por el mismo Espíritu.
De
la misma forma que los religiosos, las religiosas y los Institutos Seculares,
tienen las propias Constituciones, así también vosotros, Laicos Trinitarios,
ahora tenéis vuestro Proyecto de Vida.
Es
un proyecto impregnado de fecundidad; punto de referencia para todos los grupos
laicales que participan de la misma misión y tienen a San Juan de Mata como
Padre o Patriarca.
Esto
garantiza la comunión entre todos los grupos del Laicado Trinitario; está
abierto a las varias formas del mismo laicado que han nacido durante nuestra
larga historia, y que van surgiendo todavía; está abierto a las diversas
maneras y formas de vivir la dimensión secular del carisma trinitario, en las
diversas ramas e institutos de la Familia.
Se
dirige con esperanza confiada a toda la Familia y en particular a los laicos, y
recoge los elementos más importantes que crean comunión en la misma Familia.
En
la redacción se han tenido en cuenta las
sugerencias particulares, recibidas del CILT y del COPEFAT.
Todos
deseamos vivamente el resurgir del Laicado Trinitario bien formado, en sus dos
dimensiones secular y trinitaria; un laicado que viva la comunión y la
corresponsabilidad con todos los otros miembros de la Familia; comprometido en
el mundo: familia, escuela, trabajo y sociedad, dando testimonio y aportando el
espíritu trinitario de fraternidad y de liberación.
Finalmente,
es verdad que el Laicado es autónomo, pero la experiencia nos dice qué
importante es la función del Asistente en el interior de la Fraternidad.
Es
necesario, una vez más, pedir a Dios Trinidad el don de «convertirnos a la
Familia».
Comenzamos
ahora una nueva etapa. Estamos todos comprometidos en la construcción de la
Casa de la Trinidad y de los esclavos; vamos a dar nuestra aportación, nuestro
esfuerzo conjunto y nuestra alegría por vivir la Comunión Trinitaria.
Dios
Padre nos llama a vivir en su Casa, la Casa de la Trinidad; Cristo Redentor es
la puerta y el Espíritu Santo el soplo de vida que nos lanza a la misión
redentora.
Vivamos
este don y seamos siempre y en todas partes «misioneros de la Santa Trinidad».
Roma,
3 de junio de 2001, Solemnidad de Pentecostés
Vuestro
Hermano,
Fray
José Hernández Sánchez, O.Ss.T.
Ministro
General
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INTRODUCCIÓN |
La Familia Trinitaria es una comunidad eclesial
formada por clérigos, laicos, monjas, religiosos y religiosas que llevan el
nombre de la Trinidad y reconocen como padre común a San Juan de Mata.
Juntos forman la «casa de la Santa
Trinidad y de los cautivos», comparten el carisma trinitario-redentor y
desarrollan su misión: la glorificación de la Trinidad y la liberación de
los «cautivos» de nuestro tiempo.
Desde los orígenes de la Orden los
laicos son parte de la Familia, y con su propio carácter secular y público, con
diversas modalidades, encarnan el carisma de San Juan de Mata en el mundo.
El Proyecto de Vida que aquí
proponemos los laicos, es común para todos, fiel al pasado y adaptado a las
exigencias actuales de la Iglesia y de nuestro tiempo.
En él se hallan:
* Los rasgos característicos del carisma trinitario participado por los
laicos;
* Las líneas esenciales de formación y de organización como medios para
poner en práctica nuestro compromiso.
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IDENTIDAD DEL LAICO TRINITARIO |
Los laicos trinitarios, incorporados a Cristo por el
Bautismo, participan en su función sacerdotal, profética y real y se consagran
de forma peculiar a la Santísima Trinidad.
Guiados por la Regla de San Juan de
Mata, asumida en el Proyecto de Vida del Laicado Trinitario, siguen a Cristo
por los caminos del Evangelio, según el don recibido, tienden a la perfección
de la caridad, y manifiestan en la Iglesia y en el mundo la dimensión secular
del carisma trinitario.
Según el propio estado de vida, viven
su vocación laical en fraternidad y en comunión con todos los miembros de la
Familia Trinitaria, procurando con todas sus fuerzas la gloria de la Trinidad y
la redención de los hermanos.
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CAPÍTULO I: VIDA DEL LAICO TRINITARIO |
A- CONSAGRACIÓN PECULIAR A LA TRINIDAD
1. Todos los bautizados participamos de la misma
dignidad, formando juntos el Pueblo de Dios, convocado en la unidad del Padre,
del Hijo y del Espíritu Santo; estamos llamados a la santidad y a la libertad
de los hijos de Dios.
2. Nosotros, los laicos trinitarios, consagrados por
nuestra peculiar vocación, a la Trinidad, queremos seguir a Cristo revelador
del verdadero nombre de Dios, glorificador del Padre y redentor del hombre.
3. Como laicos, en nuestra propia y peculiar índole
secular, nos proponemos, cada vez más conscientemente, vivir la novedad
cristiana, por la cual somos hijos en el Hijo, un solo cuerpo en Cristo y
templos vivos del Espíritu Santo. Nos comprometemos a testimoniar el espíritu
del Evangelio según el carisma trinitario en la Iglesia y en el mundo.
4. La Trinidad redentora es la fuente, el modelo y
el fin de nuestra vida al servicio de la liberación y de la redención, en el
ámbito cotidiano de nuestras relaciones humanas y de nuestras responsabilidades
familiares, sociales y profesionales.
5. Guiados por el Espíritu, tratamos de armonizar
los valores del Reino y los del mundo para llegar a la unidad entre fe y vida;
descubrimos que no es posible vivir la santidad cristiana sin un compromiso de
solidaridad con los pobres y los marginados.
El encuentro con Cristo que sufre en ellos nos hace
participar de la redención, en la medida en que contribuimos a la liberación
integral del hombre.
6. De esta experiencia de vida Trinitaria-Redentora,
vivida según la propia índole secular, fluye nuestra vida fraterna, espiritual
y apostólica en el mundo.
B-
VIDA FRATERNA
7. La Trinidad es comunión de personas. Como imagen
que somos de la Trinidad, nos debemos esforzar por vivir y testimoniar esta
comunión en medio de un mundo que sufre división, pobreza y opresión.
8. La Regla de nuestro Padre San Juan de Mata es
para nosotros escuela de fraternidad y nos compromete a vivir, a la luz del
Misterio Trinitario, al servicio de los pobres y los cautivos de nuestro
tiempo.
9. Los laicos trinitarios, como miembros de la
Iglesia, estamos llamados, en los diversos estados de vida, a ser testigos y
artífices del amor, de la acogida, de la unión, de la corresponsabilidad y del
diálogo que existen en el corazón de la Trinidad.
Esta comunión y experiencia trinitaria la viviremos
en el ámbito de nuestra vida secular, y principalmente en la familia, célula
base de la sociedad y de la Iglesia.
10. La intimidad con Cristo, la escucha de la
Palabra de Dios, la celebración de la Liturgia, especialmente de la Eucaristía,
favorecen la vida de comunión fraterna.
11. El trato sincero y abierto entre los miembros de
la Fraternidad, el diálogo interpersonal
frecuente, la aceptación recíproca y el espíritu de servicio y de caridad, la
participación en los acontecimientos familiares alegres o tristes, son
expresiones y medios para fomentar la vida fraterna.
12. Para que nuestra vida fraterna sea efectiva y pueda
desarrollarse, es necesario suscitar y organizar encuentros y favorecer la
participación en nuestras fiestas, de modo especial en la de la Santísima
Trinidad.
13. Nuestra vocación específica en la Familia
trinitaria es vivir la dimensión secular del mismo carisma que, en formas
diversas, con los religiosos, las religiosas, las monjas y los clérigos,
hacemos presente en la Iglesia y en el mundo.
14. Como signo de caridad y de comunión fraterna
recordamos a las hermanas y hermanos difuntos, por lo que cada Fraternidad
establece generosos y periódicos sufragios.
C-
VIDA ESPIRITUAL
15. La vida espiritual de los laicos trinitarios se
nutre de la comunión con las Tres Divinas Personas. Esta comunión da sentido a
toda nuestra vida y a nuestro compromiso en el mundo, por la cual la acción se
convierte en fuente de contemplación y la contemplación alimenta la acción.
16. A ejemplo de San Juan de Mata, encontramos en la
Palabra de Dios el alimento de nuestra vida espiritual. Nos unimos a Cristo
presente en la Liturgia, particularmente en la Eucaristía, donde se realiza la
glorificación de la Trinidad y la redención del hombre, y en el sacramento de
la Reconciliación, el encuentro del hombre pecador con el Padre misericordioso.
17. Siguiendo la recomendación de Jesús, “hay que
orar siempre”, los laicos trinitarios tratamos de hallar momentos de encuentro
con Dios a través de la oración: personalmente y, en lo posible, en la propia
familia, en la Fraternidad, con la comunidad religiosa y en la parroquia.
Consideramos el Trisagio como oración propia de
nuestra Familia Trinitaria y nos comprometemos a recitarlo cada día.
El trabajo ofrecido a Dios es también oración, medio
de santificación personal e instrumento de redención del hombre.
18. Quienes entre nosotros estamos unidos en
matrimonio, nos sentimos llamados, de manera especial, a vivir una experiencia
peculiar de vida espiritual trinitaria, que se realiza en el sacramento del
Matrimonio y en la familia, expresiones de la comunión trinitaria en la sociedad.
19. La bienaventurada Virgen María, Madre del
Redentor, es para todos nosotros modelo de fidelidad y compromiso. En la
familia Trinitaria, la veneramos bajo el título de Madre del Buen Remedio.
Son también nuestros modelos San Juan de Mata y
todos los santos y santas de la Familia Trinitaria; especialmente las beatas
Ana María Taigi e Isabel Canori Mora, esposas y madres de familia, son para
nosotros ayuda y luz en nuestro camino.
D-
VIDA APOSTÓLICA
20. Por el Bautismo y la Confirmación todos los
cristianos somos especialmente apóstoles. Por nuestra acción en el mundo, desde
la fe, manifestamos la vitalidad de la Iglesia y participamos en la misión
redentora de Cristo.
Vivimos la dimensión secular del carisma al servicio
de la persona y de la sociedad. Comprometidos en la búsqueda de la libertad, de
la justicia, de la solidaridad y de la paz descubrimos y manifestamos la imagen
de la Trinidad, fuente y modelo de unidad en la diversidad.
21. Directamente cuestionados por las realidades del
mundo y atentos a los signos de los tiempos, los laicos trinitarios actuamos en
los ámbitos de nuestra vida cotidiana: la familia y su entorno, el trabajo, la
sociedad. Nuestras actividades se pueden llevar a cabo a través del compromiso
en organizaciones caritativo-sociales, educativas, profesionales, sindicales y
políticas.
22. Fieles a las exigencias de nuestro carisma y en
comunión con los demás miembros de la Familia Trinitaria, nos solidarizamos con
aquellos que son despojados de su dignidad y privados de sus derechos
fundamentales, en particular, con los marginados y perseguidos a causa de su fe
y de su compromiso evangélico y, en general, con los más desfavorecidos:
pobres, presos, jóvenes marginados...
23. En el espíritu de la “tertia
pars” de la Regla Trinitaria, cada Fraternidad y cada
uno de sus miembros manifiesta la caridad redentora en la solidaridad con los
oprimidos y perseguidos como se indica arriba, colaborando en las obras de
liberación de la Familia Trinitaria.
24. Insertos en la Iglesia local, participamos y
colaboramos en los diversos apostolados diocesanos y parroquiales, desde
nuestra identidad trinitaria, como signo de comunión y liberación.
25. Tomamos parte también en otros campos de acción
regional, nacional e internacional de la Iglesia y de la Familia Trinitaria,
tales como: la educación, la catequesis, el cuidado de los enfermos y de los
ancianos, el ministerio pastoral y las misiones.
26. De acuerdo con el espíritu trinitario que anima
nuestro apostolado, nos sentimos comprometidos de forma especial por la defensa
de la vida como don de Dios, la actuación de la doctrina social de la Iglesia y
por el respeto a la naturaleza.
27. En el espíritu del Evangelio y de la Regla
Trinitaria, según nuestras posibilidades, ofrecemos nuestra persona, nuestro
tiempo y nuestros bienes al servicio de los más necesitados.
28. Nuestra presencia en el mundo actual exige el
uso de los medios modernos de comunicación, para hacer más eficiente nuestro
apostolado.
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CAPÍTULO II: FORMACIÓN |
29. Para vivir plenamente el carisma como queda
expuesto en el capítulo precedente, necesitamos una formación integral,
específica, inicial y permanente.
30. La formación hoy la exigen, no solamente el continuo
progreso en la vida y misión del cristiano, sino también las circunstancias
especiales de la sociedad en la que nos ha tocado actuar y la diversidad de las
personas y deberes en que se desenvuelve nuestra vida.
31. Conscientes de que los primeros responsables de
la formación somos los propios laicos, nos comprometemos a:
* desarrollar nuestras dotes
humanas, capacitándonos y actualizándonos para nuestras responsabilidades
específicas: familiares, profesionales, sociales;
* madurar nuestra fe y caridad, creciendo en la
vital unión con Dios Trinidad y con los hermanos;
* servirnos de los auxilios propios del
cristiano como medios formativos: la Palabra de Dios y la Liturgia, los
sacramentos, la doctrina de la Iglesia y, en especial, la social;
* conocer todo lo referente a la Familia
Trinitaria: historia, espiritualidad, apostolado, vida de santos y testigos;
* prepararnos adecuadamente para realizar
nuestra misión en el servicio de la caridad redentora para la que hemos sido
llamados.
32. La Fraternidad nos ofrece la experiencia común
de vida y una ayuda constante en el acompañamiento personal y nos procura los medios adecuados para que podamos
vivir el espíritu y carisma trinitarios conforme a nuestro propio estado de vida
y según los matices propios de cada uno de los Institutos Trinitarios.
33. Nuestras Fraternidades han de distinguirse por
su capacidad de apertura, acogida y espíritu de comunión.
Sus Estatutos indicarán los modos de acogida de los
nuevos miembros, las etapas concretas a recorrer, su duración, quiénes son los
responsables, y precisarán otros puntos necesarios.
34. La Fraternidad preparará cada año su programa de formación. Los responsables a todos
los niveles promoverán las iniciativas y buscarán los medios que favorezcan
esta formación, de tal manera que los miembros conozcan, estimen y recorran el
camino del Proyecto de Vida del Laicado Trinitario.
35. Los llamados a servir a la Fraternidad,
prepárense de forma adecuada para estas responsabilidades tan importantes.
36. El Asistente espiritual, en sus diversos
niveles, nombrado por la autoridad competente, una vez escuchados los laicos,
acompaña a la Fraternidad en su
camino formativo-carismático.
37. Cada Fraternidad pondrá especial interés en la
promoción y formación de grupos juveniles de laicado trinitario.
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CAPÍTULO III: ORGANIZACIÓN |
ASOCIACIONES
38. El Laicado Trinitario se expresa en diferentes
Asociaciones (Orden Secular, Movimiento trinitario, Cofradías, etc.). Todas tratarán
de adherirse progresivamente a este Proyecto de Vida y de asumir su espíritu y
contenidos esenciales como signo de identidad en la Iglesia.
39. Las Asociaciones pretenden vivir la fraternidad
trinitaria promoviendo la espiritualidad y finalidades del carisma; incrementan
el apostolado propio de los laicos trinitarios en las realidades
socio-temporales y favorecen el desarrollo vocacional de las mismas
Asociaciones y de toda la Familia Trinitaria.
Las diferentes Asociaciones que participan del carisma
trinitario gozan de una legítima autonomía en la comunión efectiva y afectiva,
característica de la “casa de la Trinidad”.
40. El Laicado Trinitario se articula a nivel local,
regional, nacional e internacional para favorecer de esta manera el espíritu de
comunión en familia y manifestar claramente la unidad en la pluralidad.
41. En cada uno de los niveles mencionados se
elegirá un responsable y un Consejo cuya composición y elección estará regulada
por los Estatutos particulares.
42. Los Responsables y Consejos, con los respectivos
Asistentes, cuiden la vida y el desarrollo en todo lo que se refiere a la
espiritualidad, la comunión, el apostolado, la formación, la organización y la
administración.
43. El Ministro General de la Orden de la Santísima
Trinidad, sucesor de San Juan de Mata, como signo de unidad y de comunión de
toda la Familia Trinitaria, preside en la caridad también el Laicado
Trinitario, siempre en el respeto de la autonomía de las diferentes
Asociaciones.
FRATERNIDAD
44. Cada una de las Asociaciones está constituida
por Fraternidades, en las cuales los miembros viven y testimonian el espíritu y
el apostolado del Laicado Trinitario y de la propia Asociación.
45. Las Fraternidades que nacen junto a una
Comunidad Trinitaria, de religiosos, monjas o religiosas, son reconocidas, en
un primer momento, por el Superior o Superiora de la Comunidad. Oficialmente
serán erigidas por el Superior o Superiora mayor.
46. Los Superiores mayores, con el consentimiento
escrito del Ordinario del lugar, pueden erigir Fraternidades que surgen donde
no existe una comunidad religiosa trinitaria.
47. Los Superiores mayores, después de consultar a
los responsables de la Fraternidad más cercana, pueden, en circunstancias
particulares, recibir a miembros aislados que se comprometan a vivir el carisma
trinitario. En tales casos, a dichos miembros se les señale una Fraternidad concreta como punto de referencia, de la cual puedan
obtener informaciones, comunicaciones, etc.
48. La Fraternidad es erigida con decreto del
Superior o Superiora Mayor, previa petición escrita del Responsable de la
Fraternidad e información del Superior o Superiora de la comunidad local.
49. Cada Fraternidad tendrá un Responsable con su
Consejo, del cual forma parte también el Asistente espiritual, y otros cargos
requeridos para el buen funcionamiento
de la Fraternidad misma. El Responsable y el Consejo son elegidos por los
miembros de la Fraternidad, salvo el Asistente espiritual, que es elegido a
norma del número 36 de este Proyecto de Vida. Los demás cargos, son designados
por el responsable con su Consejo,
Los estatutos particulares determinarán la duración
de los cargos.
50. La Fraternidad tiene encuentros periódicos de
oración, de formación y apostolado, de revisión de vida e información. En sus
programas anuales prevé, además, encuentros de Familia, retiros periódicos y
ejercicios espirituales.
ADMISIÓN
51. Cada Fraternidad cuida de la promoción vocacional
y acoge con alegría y espíritu de comunión las vocaciones que el Espíritu
suscita para el Laicado Trinitario.
El candidato(a) presenta la petición por escrito al
Consejo Local, quien lo admite si considera que existe en él suficiente madurez
humana y cristiana, lo considera idóneo para el camino evangélico señalado por el Proyecto de Vida del Laicado
Trinitario.
La admisión se hace con rito propio.
52. Con la admisión, inicia el tiempo de la
experiencia y de la formación en la
Fraternidad. El candidato(a) verifica la autenticidad de su propia vocación y
va descubriendo y asimilando progresivamente los valores del carisma trinitario
con la ayuda de la Fraternidad y del Responsable de la formación. El período
normal de este tiempo es de, al menos, un año.
COMPROMISO
53. Completado este tiempo de experiencia y
formación, el candidato/a puede ser admitido al compromiso o consagración. El
candidato/a renueva con título peculiar la propia consagración bautismal, se
compromete a vivirla según las exigencias y contenidos del Proyecto de Vida del
Laicado Trinitario, es recibido oficialmente en la Fraternidad secular y
participa en la comunión de toda la Familia Trinitaria.
54. Fórmula del compromiso o consagración:
Yo, N.N.,
ante Ti, oh Santísima Trinidad, confiando en tu
omnipotente ayuda, renuevo las promesas bautismales y prometo vivirlas
esforzándome en encarnar, en mi condición secular, las exigencias y los
compromisos de la vocación Trinitaria
como vienen expresadas en el Proyecto de Vida del Laicado Trinitario.
Confío a María, Madre del Buen
Remedio, y a la intercesión de todos los santos y santas de la Familia
Trinitaria, para cumplir firmemente cuanto he prometido.
55. Para la admisión al compromiso o consagración,
el candidato presentará su petición por escrito al Consejo de la Fraternidad,
al cual el encargado(a) de la formación remitirá asimismo una información
suficiente sobre el candidato(a).
56. El compromiso o consagración se hace con rito
propio.
57. Dicho compromiso o consagración se renueva cada
tres años, tras petición escrita del
candidato(a). Quien desee emitir el compromiso definitivo, lo solicitará por
escrito al Consejo de la Fraternidad, quien examinada la petición podrá
acogerla.
Cada año, en la
solemnidad de la Santísima Trinidad o en otra fiesta de la familia, se renueve
por devoción, en común, la consagración o compromiso.
58. Durante estos años, los candidatos recibirán una formación adecuada en las diversas
dimensiones humana, cristiana y trinitaria, de acuerdo al Plan de Formación
oficialmente aprobado.
En los años sucesivos todos los miembros participarán en la formación según el
Plan General de Formación determinado en la programación anual.
59. La admisión y el compromiso o consagración se registrarán
en los respectivos libros de la Fraternidad.
60. Si un miembro de la Fraternidad diera signos de
comportamiento contrario a los propios compromisos del laicado trinitario y
después de las debidas correcciones no diera señales de enmienda, el Consejo de la Fraternidad lo invitará
caritativamente a dejar el Laicado.
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CAPÍTULO IV: ESTATUTOS PARTICULARES (CILT, Asociaciones, Fraternidades) |
61. El Laicado Trinitario tiene un Presidente(a) y un
Consejo Internacional, con Estatuto propio y Sede oficial en la Curia General
de la Orden de la Santísima Trinidad.
62. A nivel de sector nacional o regional, preside
el Laicado Trinitario el respectivo Presidente (Consejero Regional) con su
Consejo, que se rige por Estatuto propio, aprobado por la Asamblea del
respectivo sector, en línea con el estatuto del Consejo Internacional.
63. Cada Asociación o Fraternidad, en conformidad al
Proyecto de Vida del Laicado, tenga Estatutos propios, en los que expresa el
proyecto de vida de la Fraternidad, cuanto concierne a la formación específica
y a la organización particular, comprendida también la posible aportación
económica para hacer frente a la vida, al apostolado y al servicio de caridad
de la Fraternidad misma.
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PENITENCIARÍA APOSTÓLICA |
Prot.
N. 60/01/I
Beatísimo Padre:
P. Luigi Cianfriglia, Procurador
General de la Orden de la Santísima Trinidad, en nombre del Rvdo. Ministro General
con su Consejo y de las Superioras Generales de los Institutos Trinitarios,
humildemente expone lo que sigue:
Que
habiendo aprobado la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y
Sociedades de Vida Apostólica, el 15 de noviembre de 2000, los Estatutos del
Laicado Trinitario, que recogen las diversas Asociaciones Trinitarias, implora
de Su Santidad el don de la Indulgencia Plenaria, para que los miembros de
estas Asociaciones puedan conseguir los fines espirituales que se proponen, y para
que más generosamente se afanen por conseguirlos.
18 de mayo de 2001
La
Penitenciaría Apostólica, por mandato del Sumo Pontífice, concede benignamente
la Indulgencia Plenaria a los asociados, pudiéndola conseguir siempre que hayan
satisfecho las condiciones acostumbradas (Confesión sacramental, Comunión
Eucarística y Oración por las intenciones del Sumo Pontífice) y excluida toda
inclinación a cualquier pecado, hagan o renueven, al menos en privado, la
promesa de observar los propios estatutos:
1. en el día de la admisión;
2. en el día en el cual emiten el compromiso o lo
renuevan con rito religioso;
3. en las fiestas:
de la
Santísima Trinidad,
del
Santísimo Redentor Jesús Nazareno,
de la
Bienaventurada Virgen del Buen Remedio,
de San Juan
de Mata,
de San Félix de Valois,
de San Juan Bautista de la
Concepción,
de las
Beatas Ana María Taigi
e Isabel Canori
Mora, madres de familia.
La
presente tiene valor perpetuo.
No
obstante cualquier otra disposición contraria.
+Luigi de Magistris
Regente
Sac. Juan María Jervais
Off.